Aunque creo que es totalmente imposible, ¿qué tal si alguien sabe quién soy?
¿Hola? Alguien que yo conozca, que me conozca, y que, día tras día, conozca de mí lo que nunca creyó que albergaba mi mente al verme en la escuela o en la calle. Es la paranoia, la naturaleza es una puta, mi naturaleza lo es y me juega bromas pesadas como esta. No voy a hacer algo que considero tan estúpido como lo sería el que yo olvidara el asunto y me quedara con esa vaga idea de que es imposible. ¿Y si es posible? ¿Y si sucede? Eso me asusta mucho, tengo miedo ahora. No quiero que nadie que yo conozca sepa jamás quién soy, sepa jamás todo lo que pienso y eso. Es lo que adoro de este anonimato, puedo esconderme detrás de varios seudónimos estúpidos o sobrecargados que me permiten decir todo lo que siempre quise decir pero que jamás me atreví a decir por el miedo al estúpido.
Desearía algo básicamente así: alguien igual a mí, que me conozca ahora, en el momento de mi vida que me he encontrado a mí misma y puedo hablar sobre mí sin dar una falsa imagen que ha puesto la programación en mi cabeza. Aún así, estoy segura de que sería incapaz de decirle todo lo que tengo que decir. ¿Por qué no puedo? Es como si de repente fuera muda y tuviera amnesia. No puedo recordar nada, sólo se me va de la mente de una forma que yo no controlo. ¿Qué sucede? Si quiero decir algo mínimamente importante, incluso así de poco importante, debo practicarlo varias veces en mi mente de modo que no se me olvide al momento de decirlo.
Todavía me alegra el recuerdo, no quiero gastarlo mucho. "Es muy triste perder a un amigo. Es decir, si tú te mataras, yo...". Todavía estoy contenta porque él me haya dicho eso. Simplemente, para mí, el que una persona que no me tiene un falso cariño por obligación biológica (mis padres) sino que me tiene un cariño que adquirió por mí misma, me diga que sentiría pena si me mato es algo importante. Es como una última cuerda que no se rompe cuando un escalador está apunto de caer por una sima profunda y oscura como una garganta pornográfica. Es una diminuta y patética esperanza que te hace decir "bueno, hay que reconsiderar esta mierda". Si alguien se toma la molestia de albergar un espacio para ti en sus pensamientos, con el poco espacio que tiene tomando en cuenta todo lo que podría querer albergar allí, entonces es algo serio e importante. Al menos para mí son fuegos artificiales. No quiero comer mucho, apenas como en los últimos días. Me gusta, te da una punzada de dolor por el hambre y me agrada mucho. También, si me lo permite y si se me permite, es bueno porque si no comes no engordas. Lo que me gusta de la anorexia es que tus huesos sobresalen por tu piel, y es bastante agradable eso en tu propio cuerpo, porque es como si estuvieras a punto de morir y fueras un cadáver. No, yo no tengo anorexia, ojalá, pero suena a una buena forma de morir. De esa forma, la hipócrita sociedad criticaría eso, pero finalmente les encantaría y no es mucha la gente que te detendría, pero eso depende si tienes a alguna persona a la cual le importes, si es así entonces no te dejarán convertirte en un animal agonizante que está como un cadáver. Si le importas al menos un poco más que el vómito a alguien entonces puede que te detengan. Ese es el problema de importarle a la gente. Se vuelven egoístas y si quieres morir dicen que quieren ayudarte a recuperarte. Es un egoísmo de los más curioso. No quieren que te mates porque, bueno, eso te mataría (no tenía ni idea). Allí no hay egoísmo, no quieren que te hieras. El egoísmo viene del por qué no quieren que te mates. Si te matas, te vas para siempre y ellos, como te quieren, no soportan no volver a verte. Es un egoísmo empático. Es un bonito detalle. Al fin y al cabo, sí quiero llamar la atención. Pero no de todos o de cualquiera. Trato de llamar la atención de alguna persona que me importe, a diferencia de los demás, de forma genuina.
La empatía en mí se da, mayormente, por animales agonizantes , fetos y muertos.
Con animales agonizantes me refiero tanto a animales como seres humanos, pero para mí son lo mismo, aunque la empatía por humanos agonizantes en mí depende de el quién, el cómo y el por qué. La empatía es un problema y una bendición en mí.
Mientras ponía las etiquetas, iba a poner "mierda" y, de forma totalmente mecánica, sin notarlo hasta que leí luego la etiqueta, escribí "miedo". ¿Qué me pasa?
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Saturday, August 11, 2012
Wednesday, August 1, 2012
Y, de nuevo, la vida es una puta imbécil sin rumbo
Es increíble. Mi idea del mundo en una caja de cristal viene con bases de otras personas, principalmente Muriel Barbery y Alice Sebold con sus historias de ficción que he vuelto reales en mi enferma mente. Pero esto es nuevo. La idea de que la vida es una casa de la cual intentas salir por medio de acciones/alcobas a un bosque exterior/muerte es simplemente distinta. La creé por mí misma, quizás alguien en el mundo piensa esto exactamente del mismo modo,aunque a esa persona la desconozco por lo que he creado una forma de ver el mundo totalmente mía que salió de mi mente de forma repentina. Un amigo mío ve la vida como un regalo. Yo no la veo así, sólo algo que estamos en obligación de pasar. No amo la vida, como afirmaba antes. Sin embargo, no la odio tampoco. Sólo la soporto. Mi idea es una forma verídica de cómo se da la vida, ya que la muerte es algo obligatorio y necesario, un final grupal. Entonces nuestras vidas son de por sí inútiles desde que nacemos. ¿Cuál es el punto si todo lo que hacemos en nuestras vidas es buscando el objetivo final, algo que nos convencen es maravilloso y bello, que no es en realidad más que la muerte? Si la vida no tiene sentido, el espíritu debe al menos afrontarlo. La vida no tiene ningún sentido ni mucho valor porque, pese a ser tan frágil fingiendo ser tan poderosa, la vida es un acto de todos los días, que jamás parece terminar.Como la vida no tiene sentido, sólo nos queda la muerte. Sólo aferrarnos a que hay algo mejor después. Tal vez de allí vinieron estas creencias que tenemos sobre la vida tras la muerte, porque queremos aferrarnos a algo que vemos como un salvavidas, una oportunidad en el más allá. No queremos quedarnos con la única imagen de que somos sacos de carne y sangre inmundos que viven estas cortas y míseras existencias in un objetivo. Si afrontáramos lo que ya sabemos, todos se habrían suicidado, o quizás se habrían evitado muchos suicidas. Es curiosos cómo pude ser de poderosa la indiferencia de algunos. Hay ciertas personas que admiten que la vida carece de sentido, y aún así dicen que la vida es para darle un sentido, negando lo que ya saben pero diciéndolo al principio como si fueran consientes para que las personas crean que hay un océano pensador dentro de ellos. No se le puede dar un sentido a la vida, si fuera así podríamos dar un sentido a la vida que fuera infinito, pero no podemos porque morimos, o bien estos sentidos pierden su validez antes de morir.
Mi prueba de que la vida no tiene sentido es esta (quizás ya la dije, pero me gusta repetirla): los sentidos que le damos a nuestras vidas vienen de metas y sueños. Vienen desde cosas tan simples como querer montar un puesto de limonada a los diez años como hacen los críos en las películas americanas hasta hacer un importante descubrimiento científico o volverse millonario. Al lograr esos vanos sueños la burbuja estalla. Hay muchas personas que, pese a poseer la totalidad de las trivialidades materiales o físicas de lo que los demás ven como el todo, terminan con sus vidas rápidamente. La indiferencia es una mentira que parece verdad antes los ojos de los ignorantes, parece que de verdad hubieran pasado de actuar como estúpidos a serlo. De esta manera, muchos se preguntan (como mi madre) "Pero, ¿por qué hizo eso? Si lo tenía todo". Allí, el materialismo y la vacua incógnita. Mi madre sale con sus chorradas religiosas: "No tenía a Dios y entonces le faltaba esto y sentía el vacío de aquello". Parece hablar sin darse cuenta que en un principio no habló de las necesidades interiores, que son las más importantes, sino de las materiales que para la sociedad de gilipollas en la que vivo son indispensables. Ante cosas así, la opinión de los indiferentes es anodina.
Ya no soy tan imbécil, ya han pasado cosas que han podido probármelo.
Mi prueba de que la vida no tiene sentido es esta (quizás ya la dije, pero me gusta repetirla): los sentidos que le damos a nuestras vidas vienen de metas y sueños. Vienen desde cosas tan simples como querer montar un puesto de limonada a los diez años como hacen los críos en las películas americanas hasta hacer un importante descubrimiento científico o volverse millonario. Al lograr esos vanos sueños la burbuja estalla. Hay muchas personas que, pese a poseer la totalidad de las trivialidades materiales o físicas de lo que los demás ven como el todo, terminan con sus vidas rápidamente. La indiferencia es una mentira que parece verdad antes los ojos de los ignorantes, parece que de verdad hubieran pasado de actuar como estúpidos a serlo. De esta manera, muchos se preguntan (como mi madre) "Pero, ¿por qué hizo eso? Si lo tenía todo". Allí, el materialismo y la vacua incógnita. Mi madre sale con sus chorradas religiosas: "No tenía a Dios y entonces le faltaba esto y sentía el vacío de aquello". Parece hablar sin darse cuenta que en un principio no habló de las necesidades interiores, que son las más importantes, sino de las materiales que para la sociedad de gilipollas en la que vivo son indispensables. Ante cosas así, la opinión de los indiferentes es anodina.
Ya no soy tan imbécil, ya han pasado cosas que han podido probármelo.
Thursday, July 5, 2012
¿Me he vuelto como ellos? He visto a todos, los comunes, son verdaderamente patéticos. Sí, me considero una enferma anormal, adoro eso y está por encima de ser como ellos. ¿Soy una de ellos? ¿Soy común?
Ayer llegó una niña nueva a mi clase. Tiene cabello negro y corto, ojos enormes y es más bien pequeña y bastante delgada. No tiene pechos, pero me parece que es bonita, y sus ojos grandes son preciosos. Cuando la vi, sus ojos me parecieron tan descomunal y perfectamente grandes que creí que usaba lápiz de ojos para que sus ojos consiguieran ese tamaño. Su nombre es R.
Cuando la vi, su rostro, su expresión, sus ojos, no sé qué hizo que le diera cierta luz de incógnita. Pensé "tal vez, tal vez. No detecto lo suficiente en ella, pero quizás podría darle una oportunidad. Lancemos los dados y recemos para que salga un seis".
Pienso ahora que pudo ser su expresión. Su semblante algo tímida pero no mucha, no para ser una timidez exagerada con un esfuerzo sobrehumano por ser sociable. Pero sí se ve algo intimidada por los hijos de puta de mis compañeros de clase. Aún así, pensé, por alguna razón y es algo que muy rara vez he creído, que podría ser igual a mí.
Pienso ahora que pudo ser su expresión. Su semblante algo tímida pero no mucha, no para ser una timidez exagerada con un esfuerzo sobrehumano por ser sociable. Pero sí se ve algo intimidada por los hijos de puta de mis compañeros de clase. Aún así, pensé, por alguna razón y es algo que muy rara vez he creído, que podría ser igual a mí.
Por mi timidez, me sentía muy tentada a conversar, a saludarle o entablar una conversación que llevara a algún lado más importante además de "bien, te veo mañana".
Finalmente, como si hubiera sido por una misteriosa oportunidad divina, a mis amigas se les dio por incluirla en el grupo durante la clase de matemáticas. Nos dividieron en grupos y como ella era nueva y no tenía amigos, agregando su desagradable ingreso (no estuve presente, pero me contaron que el maestro le dijo "cuéntanos sobre ti". Cuando llegas a una clase nueva, tus nervios son tantos que, si bien apenas recuerdas tu nombre, la tarea de dar una breve descripción de sí mismo es un verdadero desafío), quizá se compadecieron de lo aterrador que debía ser.
Cuando por fin comenzó la conversación del grupo durante la clase, en el que yo estaba, R apenas pronunció unas palabras. Predije dos posibilidades: o era como yo, muy tímida fingiendo que encajaba, o era normal pero se sentía asustada por su novedosa situación.
Finalmente, como si hubiera sido por una misteriosa oportunidad divina, a mis amigas se les dio por incluirla en el grupo durante la clase de matemáticas. Nos dividieron en grupos y como ella era nueva y no tenía amigos, agregando su desagradable ingreso (no estuve presente, pero me contaron que el maestro le dijo "cuéntanos sobre ti". Cuando llegas a una clase nueva, tus nervios son tantos que, si bien apenas recuerdas tu nombre, la tarea de dar una breve descripción de sí mismo es un verdadero desafío), quizá se compadecieron de lo aterrador que debía ser.
Cuando por fin comenzó la conversación del grupo durante la clase, en el que yo estaba, R apenas pronunció unas palabras. Predije dos posibilidades: o era como yo, muy tímida fingiendo que encajaba, o era normal pero se sentía asustada por su novedosa situación.
Escucha la misma música que todos, basura. Dijo que la echaron de su escuela anterior por un problema de una amiga borracha (lee esto y sabrás quien soy, R, creo). También noté que tenía el brazo cubierto por cortes autoinflingidos (cortes en el brazo izquierdo, me hizo confirmar con antelación a los demás, y más lógica para deducir eso, que es diestra), y algo de la base de su pulgar. Eran mucho más profundas y violentas, que las que yo alguna vez me he hecho. Si se analiza, debieron ser hechas con rabia y posibles lágrimas o gemidos restringidos entre corte y corte. Dijo que las hizo porque estaba aburrida, pero, por favor. No sé si soy la única que no se tragó su pobre y prevista o improvisada respuesta. Si estuviera aburrida, se haría unos cortes con formas o cortes mucho menos violentos, o muchos menos cortes de los que tenía adornando su brazo poblado de cicatrices.
¿Por qué? Sólo es curiosidad, respecto a la muerte y el dolor, como sucedió con Alicia, mi curiosidad parece puro libido.
¿Quién eres?
Algo te llevó a aquello, ¿cuál es tu razón de odio, cobardía o miedo? Hay una.
Cuando te vi, algo me hizo sentir que quería darme la oportunidad de conocerte en vez de permitirme darte por otro caso perdido.
Las cuchillas, a pesar de lo que has dicho sobre ti misma, me dejan más dudas.
La persona que describes cómo tú no es la misma que te ha atacado.
Hay más de una en tu cabeza, ¿o es sólo una y la que pones en tu tarjeta de presentación es una débil pero creíble fachada?
Cuando te vi, mi mente te catalogó como normal, común. Te catalogó como algo que ya conocía y que odiaba, pero algo, algún instinto advierte algo más. Si no, no habría soportado otra "amiga"con las cualidades que te acreditaba. Algo me llevó a ti, sólo tú sabes qué.
¿Estoy errada?
Jim Morrison, dame los lentes de sol de Janis Joplin y envíame al mundo solitario de las lágrimas, el libido y el ostracismo.
Ostracismo, me suena a verduras y huevos. Suena a tortillas con verduras. O a avestruces.
Cuando te vi, algo me hizo sentir que quería darme la oportunidad de conocerte en vez de permitirme darte por otro caso perdido.
Las cuchillas, a pesar de lo que has dicho sobre ti misma, me dejan más dudas.
La persona que describes cómo tú no es la misma que te ha atacado.
Hay más de una en tu cabeza, ¿o es sólo una y la que pones en tu tarjeta de presentación es una débil pero creíble fachada?
Cuando te vi, mi mente te catalogó como normal, común. Te catalogó como algo que ya conocía y que odiaba, pero algo, algún instinto advierte algo más. Si no, no habría soportado otra "amiga"con las cualidades que te acreditaba. Algo me llevó a ti, sólo tú sabes qué.
¿Estoy errada?
Jim Morrison, dame los lentes de sol de Janis Joplin y envíame al mundo solitario de las lágrimas, el libido y el ostracismo.
Ostracismo, me suena a verduras y huevos. Suena a tortillas con verduras. O a avestruces.
Por el momento sólo hay dos personas que una parte de mi mente ve normales. Alicia y R. No sé, pero a mí me parece un honor. Si logras intrigar a una persona, allí podrás comenzar un viaje para ser capaz de intrigar a muchas.
Si no estoy errada, hay algo extraño surcando sus ojos. Mantengan las fotografías cerca de sus ojos.
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Wednesday, May 16, 2012
El soleado día de lluvia
Hoy, mi ave mascota escapó.
Mi querida ave, el pequeño ser vivo que tanto quería. Todos pensarían "es un ave nada más" pero, aprovechando para hacer referencia a 'El Principito', el tiempo que pase con mi ave la hizo importante, la hizo la única ave entre millones de aves, soy responsable de mi ave. Rompí a llorar como loca cuando me lo dijeron, estaba destruida.
Y es que, pensé luego, si ni un ave quiere compartir conmigo y, aun sin saber volar, prefiere lanzarse desde un segundo piso sólo para escapar de mí, ¿cómo anhelaré que un humano, un ser aún más complejo y difícil de tratar, me acepte por completo y desee quedarse a mí lado hasta el puno de dejar flores en mi tumba (si tengo alguna)?
Luego, pensé en la bella metáfora de la libertad: desde hace mucho, tomamos aves, seres libres que están destinados a ser precisamente eso, libres. Pero nosotros damos un enorme ejemplo gráfico de esclavitud al sentirnos atraídos a comprar seres con alas y enjaularlos para luego tratarlos como juguetes u objetos decorativos. Como yo, mi ave es un ser enjaulado en un lugar en el que no quiere estar, no me refiero precisamente a mí casa, sino el estar a mí lado (seguro que los animales sienten que estoy desecha). Pero él, a diferencia de mí, tiene alas; yo tengo píldoras.
Luego de un rato de decirme "al menos ahora es libre, sí, es libre. Seguro se fue por eso, porque no me quería con él", encontré a mi ave en la casa de un vecino, se había lastimado cerca del ojo y él lo había encontrado en la calle. Me lo devolvió y lo traje a casa, le di agua, comida y por unos momentos él estaba asustado y conmocionado, pero luego volvió a sí. Dormimos juntos toda la tarde, fue bueno porque los últimos tres días dormí muy mal. Aun así, habiendo dormido toda la tarde, estoy exhausta y tengo los ojos a punto de cerrarse.
Hoy escribí una especie de poema, un párrafo poco entendible para mentes superficiales, sobre la monotonía que es la vida.
"Monótona y aburrida
sin sentido ni lástima
sería más interesante sacar sus ojos
inyecten gasolina en mi sangre, prenderme fuego viva
Huele a calor, a la luz del sol, llamas y fulgor
aún mejor, pleguemos su piel con luz ardiente
ojalá, deseo yo, sea este mi día de lluvia
como una serpiente, se cae su piel pero no le duele
no lo siente
Y es que se ha ido el sentido
no hay emoción en las nubes color ceniza, el desvelo ya no significa nada
el cansancio me impide dormir
la píldora colorida tampoco me hace más fácil vivir
Una mentira a color
es en realidad a blanco y negro
me repugna ver como juran que el cielo azul y el arcoíris se reflejan en sus ojos blancos.
Finalmente, la vagabunda desnuda dio a luz
día de lluvia, el recién nacido lloró
el primer y brutal matricidio
¿Qué hizo la vagabunda? Dio paso a la desgracia de la vida
Cantó viles presagios y maldiciones
su día gris y lluvioso, a sus ojos, era rojo".
Bien, con este escrito me liberé un poco del cansancio mental por monotonía, así que mi cuerpo me permitió descansar de tanto cansancio. Se siente bien el cansancio, se siente tan real y vivo, me gusta, lo comprendo.
En mi escrito con "día de lluvia" me refiero a muerte. "Ojalá, deseo yo, sea este el día de mi muerte".
Ya dormí a mi ave, en cuanto me desperté eran las cinco y media aproximadamente. Le di agua, comida y mientras se alimentaba le canté varias canciones de Nirvana, adormeciéndolo, finalmente lo metí en su jaula (la cual sólo usa para dormir o escalar cuando está caminando por la casa y se aburre), lo cubrí con una manta y se durmió. Mis padres no estaban cuando desperté, me gusta esta sensación de soledad.
Hoy, en la escuela, me libré de P diciéndole que no había entendido un nuevo tema de matemáticas y que iría a preguntarle a la profesora sobre este. En cambio, me fui y caminé, caminé, caminé (sí que me libera caminar en la escuela sola) hasta llegar bajo un árbol que daba una sombra agradable, así que me senté allí, sola y no recuerdo qué pensé. Hasta que tocaron la campana, y me encantó esa sensación de libertad, de soledad libre. Deseaba que todos desaparecieran, que yo quedara sola con el viento y la luz del sol en ese enorme campus, y poder caminar libremente por una parte y por la otra, dar la vuelta a todo ese lugar una y otra vez. Es una lástima que mi pequeño placer por las caminatas solitarias y silenciosas en medio de un mar de gritos, murmullos y risas no dure eternamente.
Por último, quisiere decir algo sobre un amigo mío, no sé si es mi amigo pero al menos le tengo mucho aprecio. Él es mi alma gemela, al menos lo más parecido que está vivo, es raro, como yo, pero aun así hay fuertes diferencias. Casi nunca le hablo, y es algo que me desagrada porque quiero hablarle más. Si encuentras a alguien que te logra entender mejor que el resto, ¿perderías momentos en hablarle? ¿No querrías pasar todo tu tiempo con esa persona, conocerla a fondo y también permitir que por fin alguien te conozca casi enteramente?
Te extrañaré.
Mi querida ave, el pequeño ser vivo que tanto quería. Todos pensarían "es un ave nada más" pero, aprovechando para hacer referencia a 'El Principito', el tiempo que pase con mi ave la hizo importante, la hizo la única ave entre millones de aves, soy responsable de mi ave. Rompí a llorar como loca cuando me lo dijeron, estaba destruida.
Y es que, pensé luego, si ni un ave quiere compartir conmigo y, aun sin saber volar, prefiere lanzarse desde un segundo piso sólo para escapar de mí, ¿cómo anhelaré que un humano, un ser aún más complejo y difícil de tratar, me acepte por completo y desee quedarse a mí lado hasta el puno de dejar flores en mi tumba (si tengo alguna)?
Luego, pensé en la bella metáfora de la libertad: desde hace mucho, tomamos aves, seres libres que están destinados a ser precisamente eso, libres. Pero nosotros damos un enorme ejemplo gráfico de esclavitud al sentirnos atraídos a comprar seres con alas y enjaularlos para luego tratarlos como juguetes u objetos decorativos. Como yo, mi ave es un ser enjaulado en un lugar en el que no quiere estar, no me refiero precisamente a mí casa, sino el estar a mí lado (seguro que los animales sienten que estoy desecha). Pero él, a diferencia de mí, tiene alas; yo tengo píldoras.
Luego de un rato de decirme "al menos ahora es libre, sí, es libre. Seguro se fue por eso, porque no me quería con él", encontré a mi ave en la casa de un vecino, se había lastimado cerca del ojo y él lo había encontrado en la calle. Me lo devolvió y lo traje a casa, le di agua, comida y por unos momentos él estaba asustado y conmocionado, pero luego volvió a sí. Dormimos juntos toda la tarde, fue bueno porque los últimos tres días dormí muy mal. Aun así, habiendo dormido toda la tarde, estoy exhausta y tengo los ojos a punto de cerrarse.
Hoy escribí una especie de poema, un párrafo poco entendible para mentes superficiales, sobre la monotonía que es la vida.
"Monótona y aburrida
sin sentido ni lástima
sería más interesante sacar sus ojos
inyecten gasolina en mi sangre, prenderme fuego viva
Huele a calor, a la luz del sol, llamas y fulgor
aún mejor, pleguemos su piel con luz ardiente
ojalá, deseo yo, sea este mi día de lluvia
como una serpiente, se cae su piel pero no le duele
no lo siente
Y es que se ha ido el sentido
no hay emoción en las nubes color ceniza, el desvelo ya no significa nada
el cansancio me impide dormir
la píldora colorida tampoco me hace más fácil vivir
Una mentira a color
es en realidad a blanco y negro
me repugna ver como juran que el cielo azul y el arcoíris se reflejan en sus ojos blancos.
Finalmente, la vagabunda desnuda dio a luz
día de lluvia, el recién nacido lloró
el primer y brutal matricidio
¿Qué hizo la vagabunda? Dio paso a la desgracia de la vida
Cantó viles presagios y maldiciones
su día gris y lluvioso, a sus ojos, era rojo".
Bien, con este escrito me liberé un poco del cansancio mental por monotonía, así que mi cuerpo me permitió descansar de tanto cansancio. Se siente bien el cansancio, se siente tan real y vivo, me gusta, lo comprendo.
En mi escrito con "día de lluvia" me refiero a muerte. "Ojalá, deseo yo, sea este el día de mi muerte".
Ya dormí a mi ave, en cuanto me desperté eran las cinco y media aproximadamente. Le di agua, comida y mientras se alimentaba le canté varias canciones de Nirvana, adormeciéndolo, finalmente lo metí en su jaula (la cual sólo usa para dormir o escalar cuando está caminando por la casa y se aburre), lo cubrí con una manta y se durmió. Mis padres no estaban cuando desperté, me gusta esta sensación de soledad.
Hoy, en la escuela, me libré de P diciéndole que no había entendido un nuevo tema de matemáticas y que iría a preguntarle a la profesora sobre este. En cambio, me fui y caminé, caminé, caminé (sí que me libera caminar en la escuela sola) hasta llegar bajo un árbol que daba una sombra agradable, así que me senté allí, sola y no recuerdo qué pensé. Hasta que tocaron la campana, y me encantó esa sensación de libertad, de soledad libre. Deseaba que todos desaparecieran, que yo quedara sola con el viento y la luz del sol en ese enorme campus, y poder caminar libremente por una parte y por la otra, dar la vuelta a todo ese lugar una y otra vez. Es una lástima que mi pequeño placer por las caminatas solitarias y silenciosas en medio de un mar de gritos, murmullos y risas no dure eternamente.
Por último, quisiere decir algo sobre un amigo mío, no sé si es mi amigo pero al menos le tengo mucho aprecio. Él es mi alma gemela, al menos lo más parecido que está vivo, es raro, como yo, pero aun así hay fuertes diferencias. Casi nunca le hablo, y es algo que me desagrada porque quiero hablarle más. Si encuentras a alguien que te logra entender mejor que el resto, ¿perderías momentos en hablarle? ¿No querrías pasar todo tu tiempo con esa persona, conocerla a fondo y también permitir que por fin alguien te conozca casi enteramente?
Te extrañaré.
Saturday, May 5, 2012
El géiser en medio del océano
Ayer tuve un momento de alegría repentina y extraña, un momento fuera de la lucidez.
Llegué a casa después de la escuela, después de una semana de ese agujero de mierda inútil, una semana que me cansó mucho tanto física como mentalmente. En cuanto subí las escaleras para hacer lo que hago todos los días al volver de clases (dejo mi mochila apoyada junto a la mesa del comedor, entro en mi vieja habitación, que ahora es una especie de closet, para quitarme los zapatos y el uniforme escolar), e hice todo siguiendo mi rutina, escuché desde esa habitación-closet que mi padre cerraba la puerta, pero no oí sus pasos subiendo. No venía y, a diferencia de cuando me dejan sola normalmente, sentí algo distinto. Sentí que tenía el torso hueco, y este estaba lleno de agua, había un océano dentro de mí, y en el centro del océano un géiser que se sentía como una perturbación abrupta que había roto la capa de agua y mi piel, y salía por un agujero que había forjado con golpes en mi pecho, pero al rededor de este, el océano estaba en paz, sentía una calma increíble, me sentía fuera de todo.
Me levanté y me quité la ropa, comencé a probarme vestidos de mi madre, tiene varios, y me los puse todos. Simplemente creía que me veía bien con esos vestidos largos, aunque la tela tapara mis rodillas, pero era igual. Era extraño, sólo me estaba midiendo ropa de mi madre pero me sentía fuera del mundo, me sentía como drogada por un momento, calmada, flotando, perfección y paz indescriptible, algo me rodeaba y era difícil de entender, pero no lo entendí, no me detuve a pensar, tan sólo disfruté de ese extraño instante de tranquilidad y éxtasis mental-física.
Me puse una camiseta de mi padre, una grande y negra a cuadros que se forman a partir de lineas blancas y delgadas. Es un pequeño placer mío, el usar camisetas grandes, lo adoro, no se me pegan a la piel y por eso siento la liberación de una falsa desnudez, una desnudez que sólo yo comprendo porque es a mi piel a la cual no se le pega la asfixiante tela.
Mi padre, me pregunté, ¿sabrá alguna vez que su hija se probó una de sus camisetas favoritas estando casi totalmente desnuda?
Feliz, con la blusa, viéndome al espejo y abrazándola, pensé que cuando él muriera quería que me regalara toda su ropa, todas sus camisetas y usarlas para dormir, o incluso para salir. Es otro placer mío, adoro la ropa de hombre, camisas de hombres, anchas y grandes, por encima de mis blusas pegadas que me asfixian y se colorean con tonos femeninos que tanto me disgustan.
Simplemente viste como un vagabundo pobre, no como los adolescentes de hoy que pagan mucho dinero por pantalones de aspecto roto y gastado cuando en la basura hay cientos de esos. Me gusta más así, más con cosas que los demás desechan, al punto de que me digan "Pero, ¿qué estás usando?" si algún día uso los mismo pantalones rotos que ellos, serán más anchos y de hombre.
Escuché a mi padre abriendo la puerta, y corrí por una blusa mía, entré al baño más cercano y desde allí escuché los pasos de mi padre sobre las escaleras alfombradas. Me cambié y puse la camiseta en su lugar.
Él no lo notó.
Me sacó bruscamente de mi éxtasis, pero yo no lo sentí mucho, no sentí volver a la lucidez. Durante mi alegría no pensé en el momento de volver a la triste monotonía.
Gracias, quien quiera que me ha regalado ese momento de océanos y géiseres, en un momento que sentía que la monotonía me estaba haciendo volver a revisar mis pastillas de emergencia de forma perturbadoramente repetitiva.
Llegué a casa después de la escuela, después de una semana de ese agujero de mierda inútil, una semana que me cansó mucho tanto física como mentalmente. En cuanto subí las escaleras para hacer lo que hago todos los días al volver de clases (dejo mi mochila apoyada junto a la mesa del comedor, entro en mi vieja habitación, que ahora es una especie de closet, para quitarme los zapatos y el uniforme escolar), e hice todo siguiendo mi rutina, escuché desde esa habitación-closet que mi padre cerraba la puerta, pero no oí sus pasos subiendo. No venía y, a diferencia de cuando me dejan sola normalmente, sentí algo distinto. Sentí que tenía el torso hueco, y este estaba lleno de agua, había un océano dentro de mí, y en el centro del océano un géiser que se sentía como una perturbación abrupta que había roto la capa de agua y mi piel, y salía por un agujero que había forjado con golpes en mi pecho, pero al rededor de este, el océano estaba en paz, sentía una calma increíble, me sentía fuera de todo.
Me levanté y me quité la ropa, comencé a probarme vestidos de mi madre, tiene varios, y me los puse todos. Simplemente creía que me veía bien con esos vestidos largos, aunque la tela tapara mis rodillas, pero era igual. Era extraño, sólo me estaba midiendo ropa de mi madre pero me sentía fuera del mundo, me sentía como drogada por un momento, calmada, flotando, perfección y paz indescriptible, algo me rodeaba y era difícil de entender, pero no lo entendí, no me detuve a pensar, tan sólo disfruté de ese extraño instante de tranquilidad y éxtasis mental-física.
Me puse una camiseta de mi padre, una grande y negra a cuadros que se forman a partir de lineas blancas y delgadas. Es un pequeño placer mío, el usar camisetas grandes, lo adoro, no se me pegan a la piel y por eso siento la liberación de una falsa desnudez, una desnudez que sólo yo comprendo porque es a mi piel a la cual no se le pega la asfixiante tela.
Mi padre, me pregunté, ¿sabrá alguna vez que su hija se probó una de sus camisetas favoritas estando casi totalmente desnuda?
Feliz, con la blusa, viéndome al espejo y abrazándola, pensé que cuando él muriera quería que me regalara toda su ropa, todas sus camisetas y usarlas para dormir, o incluso para salir. Es otro placer mío, adoro la ropa de hombre, camisas de hombres, anchas y grandes, por encima de mis blusas pegadas que me asfixian y se colorean con tonos femeninos que tanto me disgustan.
Simplemente viste como un vagabundo pobre, no como los adolescentes de hoy que pagan mucho dinero por pantalones de aspecto roto y gastado cuando en la basura hay cientos de esos. Me gusta más así, más con cosas que los demás desechan, al punto de que me digan "Pero, ¿qué estás usando?" si algún día uso los mismo pantalones rotos que ellos, serán más anchos y de hombre.
Escuché a mi padre abriendo la puerta, y corrí por una blusa mía, entré al baño más cercano y desde allí escuché los pasos de mi padre sobre las escaleras alfombradas. Me cambié y puse la camiseta en su lugar.
Él no lo notó.
Me sacó bruscamente de mi éxtasis, pero yo no lo sentí mucho, no sentí volver a la lucidez. Durante mi alegría no pensé en el momento de volver a la triste monotonía.
Gracias, quien quiera que me ha regalado ese momento de océanos y géiseres, en un momento que sentía que la monotonía me estaba haciendo volver a revisar mis pastillas de emergencia de forma perturbadoramente repetitiva.
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